"Un olor que entra por mi ventana", proyecto colectivo

Un olor que entra por mi ventana es una obra colectiva que establece un diálogo en torno a conceptos de gran relevancia en el contexto cubano como lo son la suerte y la interdependencia. Es así que los jóvenes artistas detrás de este proyecto justificaron su propuesta durante el proceso de selección:

“Para el presente proyecto,  partimos de dos referentes como base: uno perteneciente a nuestra realidad social y otro que parte de la experiencia de nuestro trabajo en equipo. El primero está relacionado con el hecho de no poseer un sistema estable y medianamente seguro con el fin de buscar el sustento básico y vital de nuestras vida: el alimento... El segundo habla de una estrategia que hemos seguido como equipo durante seis años de trabajo: el compartir la suerte de uno con todos teniendo en cuenta los aciertos y desaciertos que esto pueda acarrear. Esto no sólo ha sido en el plano práctico sino en el plano intelectual, donde en muchos casos compartimos las obsesiones de alguno de nuestros amigos, arriesgándonos y permitiéndonos ir al ritmo de ellos.

Durante estos años de trabajo en equipo cada uno mantuvo sus propuestas individuales respecto al arte, obsesiones que eran ofrecidas al resto componiendo con ellas hasta generar nuevas obras. En este momento, nos proponemos realizar una obra colectiva continuando con la estrategia seguida hasta ahora: alimentarnos todos con la suerte de cada uno, comiendo siempre en la misma mesa, con una aparente autonomía que en realidad depende de variables y decisiones totalmente coyunturales, ‘de la suerte’.

Realizaremos una acción durante los meses de producción que quedará registrada en una instalación. Jugaremos a la Bolita [lotería cubana ilegal] con parte del presupuesto asignado por Havana Cultura. Cada uno jugará al animal [para evitar la detección por parte de las autoridades, se sustituyen los números por animales] que prefiera durante los seis meses de producción del proyecto, manteniendo siempre la apuesta al mismo a modo de obsesión. Si alguno de los artistas gana, el animal será comprado y comido en conjunto... En esta misma mesa cada uno llevará en su puesto fijo los resultados de la Bolita. Esta información será registrada de la forma que cada jugador elija hacerlo- escrito con un bolígrafo o plumón permanente, o simplemente rayando la superficie-, y constatará pérdidas y ganancias (esto es, el número que va ganando cada día, su significado según el juego y el número del animal que persigue diariamente) hasta que ‘por suerte’ coincidan. En el centro de la mesa, rayado, se podrá leer una descripción sintetizada del proceso de la pieza.

Los platos en los que comeremos o dejaremos de comer servirán para llevar la cuenta de nuestra suerte. Cada día seis platos, uno por jugador, serán evidencia de la participación de todos en busca del mismo objetivo: ser favorecidos por el azar. En caso de que alguno de nosotros lo logre, seis platos estarán en el lugar que corresponde al ganador con los rastros de la comida y amontonados uno encima del otro. Mientras no haya ganadores se acumularán en la cabecera de la mesa, a modo de banco, el resto de los platos, los limpios. En total serán 1080 platos, seis por día durante los seis meses de producción.”

Agrupación integrada por Yunior Aguiar, Javier Castro, Luis Gárciga, Celia González, Grethell Rasúa and Renier Quer

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Todos son graduados del Instituto Superior de Arte; de la Cátedra Arte Conducta dirigida por la reconocida artista cubana Tania Bruguera y de la Academia de Bellas Artes San Alejandro.

Como equipo, han organizado y/o participado en exposiciones como Efemérides (Centro Wifredo Lam, La Habana, 2010); Historia natural (CDAV, La Habana, 2010); Simulaciones irreversibles (Salle Zero, Alianza Francesa, La Habana, 2008); Bueno, bonito y barato (residencia privada, La Habana, 2006) y Makarov (Casa Gaia, La Habana, 2004).

El grupo obtuvo la Residencia Batiscafo (Triangle Arts Trust/ HIVOS/DOEN, La Habana, 2010).  La exposición Bueno, bonito y barato los hizo merecedores del Premio de Curaduría de la Agencia Española de Cooperación Internacional en el año 2005.

Además, han sido invitados a numerosos festivales y exhibiciones colectivas, no sólo en Cuba, sino también en México, Colombia y los Estados Unidos.

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