Tú sabes, como todo buen guajiro con deseos de llegar lejos, yo llegué a la Habana. Bueno, yo amaba la Habana desde siempre porque era el lugar aquel, el paraíso donde íbamos a llegar e íbamos a lograr todo lo que habíamos soñado. Y bueno, cuando llegué a la Habana imagínate el guajiro cuando se paró frente al Capitolio, esa es la primera foto, ah, impresionante!
Yo siento un amor por la Habana increíble. Cualquier rincón del malecón, yo estuve el año pasado en agosto en París, fui a dar un concierto allá a Lyon con mi amiga Yusa, y había un calor, un verano que yo nunca había sentido semejante, un verano seco, un calor seco. Y yo salí de allí desesperado, lo único que quería era llegar a la Habana y tirarme en el malecón, y fue lo que hice, llegando ¡prás! Me tiré en el malecón, y ese aire…..es decir, si hay algo de la Habana que me reconforta, que me relaja es el malecón, donde yo me tiro ahí, me quito la camisa y me tiro bocarriba y ahí como que me exorcizo de todo.